Mitos y verdades sobre el hemp: lo que realmente debes saber

¿El hemp es lo mismo que la marihuana? ¿Es ilegal? ¿Tiene efectos psicoactivos? Estas preguntas siguen marcando el debate público en el Perú, donde la desinformación sobre el cannabis —y en particular sobre el cáñamo o hemp— ha generado prejuicios, vacíos legales y hasta casos de criminalización. En este artículo, desmontamos los mitos más comunes y explicamos qué dice realmente la ciencia y la normativa vigente.

¿Qué es realmente el hemp?

El hemp o cáñamo es una variedad de la planta Cannabis sativa que, según la legislación peruana, contiene menos del 1% de THC, el principal compuesto psicotrópico del cannabis. Cabe precisar que la diferencia entre el cáñamo y la llamada “marihuana” —que en el Perú puede equipararse al “cannabis para uso medicinal”— es fundamentalmente normativa y regulatoria. Esta distinción varía según el país y se basa en el porcentaje de THC, un compuesto con propiedades terapéuticas que determina si un producto requiere receta médica especial o puede comercializarse libremente, como se espera que ocurra con el hemp en el Perú.

Según la legislación peruana reciente —especialmente la Ley 32195, promulgada en diciembre de 2024— el cáñamo está orientado al desarrollo agrícola e industrial, con aplicaciones en sectores como alimentos, cosmética, textil y construcción. No se trata de una droga, sino de una materia prima con potencial económico y ambiental.

 

Mito 1: “El hemp coloca”

Falso.

El hemp contiene niveles muy bajos de THC (menos del 1%), insuficientes para generar efectos psicotrópicos. A diferencia del cannabis con fines medicinales con alto THC, el cáñamo no produce “colocón”, necesario para muchos pacientes que padecen dolor agudo o cáncer.

De hecho, su principal compuesto es el CBD (cannabidiol), que no es psicotrópico y ha sido reconocido incluso a nivel internacional como una sustancia no sujeta a fiscalización, según decisiones de organismos de Naciones Unidas.

 

Mito 2: “El hemp es ilegal”

Falso, pero con matices.

En el Perú, el cáñamo no es considerado una sustancia controlada desde 2019, cuando el reglamento de la Ley 30681 lo excluyó del régimen de estupefacientes. Además, el Ministerio de Justicia ha señalado que su cultivo no constituye delito.

Sin embargo, persisten contradicciones normativas. La reciente Ley 32195 busca regular su uso industrial, pero incluye modificaciones al Código Penal que han generado preocupación entre especialistas y asociaciones, debido al riesgo de sancionar a productores sin licencia.

En la práctica, el problema no es la ilegalidad del hemp, sino la falta de reglas claras, lo que ha derivado en decomisos, sanciones administrativas y un clima de inseguridad jurídica.

 

Mito 3: “El hemp es solo para consumo medicinal”

Falso.

Aunque el cannabis ha sido ampliamente estudiado por sus aplicaciones terapéuticas, el hemp va mucho más allá. Se utiliza en:

  • Alimentación: semillas ricas en proteínas y ácidos grasos esenciales
  • Cosmética: aceites y extractos con propiedades antiinflamatorias
  • Industria textil: fibras resistentes y sostenibles
  • Construcción: materiales ecológicos como el hempcrete
  • Bienestar: productos con CBD para relajación y equilibrio

Históricamente, el cáñamo ha acompañado el desarrollo humano durante miles de años, desde la fabricación de papel en China hasta las velas y cuerdas de las embarcaciones europeas.

 

Mito 4: “El hemp no tiene respaldo científico”

Falso.

Existe una creciente base de evidencia científica sobre los beneficios de los compuestos del cannabis, especialmente del CBD. Estudios han explorado su potencial en ansiedad, dolor, inflamación, trastornos del sueño, entre otros.

No obstante, especialistas advierten que el uso debe ser informado. Por ejemplo, investigaciones recientes sugieren posibles efectos adversos en el hígado con consumos prolongados de CBD en dosis altas, lo que refuerza la necesidad de regulación y orientación profesional.

 

Entre el potencial y la incertidumbre

El caso peruano refleja una tensión constante: mientras el Estado reconoce que el hemp no es una droga y promueve su desarrollo industrial, persisten barreras burocráticas y enfoques punitivos que frenan su crecimiento.

Experiencias como la intervención a empresas de cáñamo —donde no se hallaron delitos, pero sí sanciones administrativas— evidencian que el problema no está en la planta, sino en la falta de coherencia normativa.

Al mismo tiempo, el cáñamo representa una oportunidad para el desarrollo rural, la innovación productiva y la sostenibilidad ambiental, tal como ya ocurre en países con regulaciones más claras.

En síntesis, hablar de hemp no es hablar de droga, sino de información, ciencia y regulación. Derribar mitos es el primer paso para construir políticas públicas más coherentes y garantizar el acceso seguro a sus múltiples beneficios.

“Con información clara y basada en ciencia, podemos tomar decisiones informadas sobre el hemp. Si aún tienes dudas, agenda una asesoría y recibe orientación especializada”.

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